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El Pacto de Silencio en Catamarca

  • Foto del escritor: Lorena Martin
    Lorena Martin
  • 5 jul
  • 6 min de lectura

Actualizado: 31 jul




Oh! médico, primero cúrate a tí mismo y luego ven a nosotros



Vivir en Catamarca durante diez años me permite arrojar un diagnóstico mediante la observación clínica de su tejido social, sus instituciones y su gente.


En comunidades donde las estructuras de poder operan de manera feudal, existe un fenómeno que la psicología y la sociología suelen pasar por alto: el acuerdo inconsciente a escala colectiva. En otras palabras: el poder corrupto no se sostiene en el aire; requiere la complicidad con una masa dispuesta a canjear la dignidad por el paliativo inmediato; llámese "ajuste discrecional o mejora salarial", "planta permanente", "beca", "contrato con el Estado sin concurso público", "dádiva", "concesión prebendaria", "subsidio compensatorio", "plus médico en negro", etc.


Cuando la indignación moral de un pueblo se reduce a cero ante la aparición de un beneficio económico transitorio —el histórico analgésico de bolsillo—, queda al descubierto la verdadera naturaleza de la condición humana. El estratégico silencio de las asociaciones profesionales de médicos, abogados, periodistas e incluso psicólogos, no es otra cosa que la protección de su propio territorio. Nadie muerde la mano que lo alimenta, aunque esa mano esté manchada con la sangre de crímenes impunes. Aún.

El indicador preciso del diagnóstico quedó expuesto con el asesinato de un Ministro del Gobierno de Raúl Jalil, Juan Carlos Rojas. Frente a un hecho de horror que debió haber dinamitado el tejido de la complicidad local, lo que se observó fue la rigidez del pacto: ni los propios compañeros de Rojas rompieron el silencio cómplice con la cúspide del poder político. Es un rasgo estructural: conformismo, ciudadanos manipulados trabajando bajo la amenaza de perder sueldos hoy de miseria, y cierta vergüenza de sí mismos, que se traduce en sometimiento voluntario a un poder enquistado en el entramado social.


catamarca
Reflexión sobre el "Pacto de Silencio en Catamarca": una mujer contempla la ciudad mientras reflexiona sobre la complicidad y el silencio, rodeada de elementos simbólicos que invitan a la conciencia colectiva.

De la ilusión del guardián moral al silencio en Catamarca


¿Dónde está la trampa para quienes poseemos una formación analítica y creemos ser un personaje disidente, ético e impoluto? ¿Desglosar la realidad en las pantallas y señalar la brutalidad del doble discurso es, realmente, un acto de servicio o de justicia? No. No lo es.

Es una noble fantasía del ego, un candoroso afán diría Macedonio Fernández, con su agudo sentido de la verdad más descarnada. Querer asumir el rol de guardián moral de una decencia colectiva inexistente, en el espacio virtual y degradado de las redes sociales, es una ficción creada por el personaje, solo para distraerse de lo realmente importante.

Gritarle a un sistema sometido que sea digno es un ejercicio de soberbia y una inversión estéril de energía mental.


El mundo fenoménico local corre al ritmo de su propio karma colectivo. Intentar corregir la decadencia moral de una provincia comentando en la arena digital es como intentar cambiar una imagen pintando sobre el espejo. La imagen reflejada no se corrige porque es solo el resultado de lo que tiene enfrente, y eso no cambia a voluntad del pintor.


La soberanía de no pertenecer


Reconocer la característica estructural en Catamarca y aceptar el rechazo que genera es el costo que se asume por observar y sentir aversión ante la escena.

Entonces, la verdadera libertad no radica en la lucha estéril por modificar el guion de la película, sino en el acto soberano de retirar la atención del escenario.

Vivir con lo mínimo necesario, sostener la práctica profesional desde la absoluta autonomía privada, lejos de los convenios colectivos y las pleitesías institucionales, deja de ser una elección de estilo de vida para convertirse en un refugio desde el que se mira la película local como testigo silencioso.

Quien no depende de las prebendas del poder no puede ser extorsionado, pero tampoco necesita desgastarse en la denuncia.

Renunciar a comentar y debatir con un entorno cómplice es un ejercicio de desapego y de salud mental; es colocarse frente al barro del mundo pero no habitarlo. La captura frente a las pantallas generadoras de indignación solo se libera cuando se retira la fe en su realidad.


Este suelo posee su propia dinámica, sus líderes y sus votantes que encajan a la perfección. La distancia y el silencio que elijo crean una ventana que me permite observar la cima nevada del Manchao, ese lugar sagrado donde la conciencia descansa ante la corrupción del valle.


El costo psicológico del silencio colectivo

Desde la psicología clínica, el silencio cómplice no es un fenómeno trivial. Cuando una persona elige callar ante la injusticia por miedo a perder beneficios económicos o posición social, activa mecanismos de disonancia cognitiva que, a largo plazo, erosionan la integridad psíquica. La persona comienza a racionalizar lo que en algún momento reconoció como indignante. Este proceso se conoce en la literatura como "normalización de la inmoralidad".

Leon Festinger, el psicólogo social que formuló la teoría de la disonancia cognitiva, demostró que cuando nuestras acciones contradicen nuestras creencias, el cerebro no soporta esa tensión durante mucho tiempo. Para reducirla, cambia las creencias, no los actos. En el contexto catamarqueño, esto se traduce en el fenómeno de personas que en un momento se percibían como íntegras y progresistas, y que con el paso de los años terminan defendiendo activamente el sistema que antes criticaban.

El resultado clínico más frecuente que observo en mi consulta psicológica es una combinación de ansiedad crónica de fondo, sentimientos de vacío existencial y dificultad para identificar valores propios. Son personas que han perdido contacto con su brújula moral interna. La terapia, en estos casos, no busca juzgar sino acompañar el proceso de recuperación de la coherencia entre lo que se siente, lo que se piensa y lo que se hace.


Mecanismos psicosociales detrás del pacto de silencio

La psicología social identifica varios mecanismos que explican cómo una comunidad puede mantener un pacto de silencio ante situaciones de corrupción o injusticia sistemática:

  • Conformidad social (efecto bandwagon): la tendencia a adoptar las opiniones y conductas del grupo mayoritario, incluso cuando éstas van en contra de los propios valores. El concepto fue desarrollado por Solomon Asch en sus experimentos sobre presión de grupo.

  • Miedo al ostracismo social: el cerebro humano está diseñado para priorizar la pertenencia al grupo. La exclusión social activa las mismas regiones cerebrales que el dolor físico (Naomi Eisenberger, UCLA). En contextos feudales, el costo de disentir puede ser la pérdida del empleo, la red de contactos y el reconocimiento social.

  • Indefensión aprendida: cuando las personas perciben que sus acciones no tienen impacto real en el sistema, dejan de intentar cambiarlo. Martin Seligman identificó este patrón primero en animales y luego en humanos. En provincias con sistemas políticos cristalizados, la sensación de que "nada cambia" refuerza la inacción y el silencio.

  • Racionalización moral: la capacidad del ser humano para justificar conductas cuestionables construyendo narrativas que las legitiman. "Todos lo hacen", "es la única forma de sobrevivir aquí", "si no lo agarro yo, lo agarra otro" son las frases típicas que encubren la claudicación moral.


Salud mental en entornos de corrupción sistémica: qué hacer

Si te reconocés en alguno de estos patrones —silencio por miedo, disonancia moral, ansiedad sostenida— es importante entender que existen recursos para recuperar la coherencia interna. En mi artículo sobre el costo invisible de la integridad en entornos de corrupción sistémica desarrollo con más detalle las estrategias clínicas para personas que trabajan o viven dentro de estas estructuras.

Desde la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), las principales líneas de trabajo en estos casos son: la clarificación y jerarquización de valores personales, el desarrollo de límites internos y externos, la gestión de la disonancia cognitiva a través de la reestructuración cognitiva, y el entrenamiento en tolerancia a la frustración cuando el entorno no cambia según lo esperado.

La psicoterapia online permite trabajar estos temas desde la privacidad y sin exponerse al escrutinio del entorno local. Si estás atravesando un proceso de cuestionamiento sobre tu lugar en un sistema que sientes injusto, podés contactarme para iniciar una evaluación.


Preguntas frecuentes

¿El silencio ante la injusticia puede afectar la salud mental?

Sí. El silencio ante situaciones que percibimos como injustas genera disonancia cognitiva y puede derivar en ansiedad crónica, sentimientos de vacío y pérdida de identidad. A largo plazo, la normalización de conductas que contradicen nuestros valores erosiona la integridad psíquica y la autoestima.

¿Qué es la indefensión aprendida y cómo se relaciona con el conformismo social?

La indefensión aprendida es un estado psicológico en el que la persona deja de intentar cambiar una situación porque aprendió que sus acciones no tienen efecto. En sistemas políticos o sociales donde el cambio parece imposible, este patrón refuerza el conformismo y el silencio, creando un círculo vicioso que perpetúa la situación.

¿Cómo recuperar la coherencia interna cuando el entorno es corrupto o injusto?

La clave está en distinguir entre lo que se puede cambiar y lo que no. El estoicismo y la Terapia Cognitivo-Conductual coinciden en este punto: el locus de control interno es la herramienta fundamental. Trabajar en la clarificación de valores, el desapego del resultado externo y la construcción de una práctica profesional autónoma son los caminos más eficaces.

¿La psicoterapia online puede ayudar en estos casos?

Absolutamente. La psicoterapia online ofrece la ventaja adicional de la privacidad y la distancia del entorno local, lo que puede ser especialmente valioso en comunidades pequeñas donde el anonimato es difícil. El trabajo terapéutico focalizado en valores, límites y manejo de la disonancia cognitiva es altamente efectivo en estos contextos.


Para la estructuración sintáctica y la edición formal de este material, he utilizado Inteligencia Artificial Generativa como un instrumento técnico de precisión. Sin embargo, la tecnología no reemplaza al pensamiento; lo sirve.


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