El Pacto de Silencio en Catamarca
- Lorena Martin

- hace 9 horas
- 3 min de lectura

Oh! médico, primero cúrate a tí mismo y luego ven a nosotros
Vivir en Catamarca durante diez años me permite arrojar un diagnóstico mediante la observación clínica de su tejido social, sus instituciones y su gente.
En comunidades donde las estructuras de poder operan de manera feudal, existe un fenómeno que la psicología y la sociología suelen pasar por alto: el acuerdo inconsciente a escala colectiva. En otras palabras: el poder corrupto no se sostiene en el aire; requiere la complicidad con una masa dispuesta a canjear la dignidad por el paliativo inmediato; llámese "ajuste discrecional o mejora salarial", "planta permanente", "beca", "contrato con el Estado sin concurso público", "dádiva", "concesión prebendaria", "subsidio compensatorio", "plus médico en negro", etc.
Cuando la indignación moral de un pueblo se reduce a cero ante la aparición de un beneficio económico transitorio —el histórico analgésico de bolsillo—, queda al descubierto la verdadera naturaleza de la condición humana. El silencio estratégico de las corporaciones profesionales como la de los médicos, los abogados e incluso los colegios que nuclean a los trabajadores de la salud mental no es más que la preservación del propio feudo. Nadie muerde la mano que lo alimenta, aunque esa mano esté manchada con la sangre de crímenes impunes. Aún.
El indicador preciso del diagnóstico quedó expuesto con el asesinato de un Ministro del Gobierno de Raúl Jalil, Juan Carlos Rojas. Frente a un hecho de horror que debió haber dinamitado el tejido de la complicidad local, lo que se observó fue la rigidez del pacto: ni los propios compañeros de Rojas rompieron el silencio cómplice con la cúspide del poder político. Es un rasgo estructural: conformismo, ciudadanos manipulados trabajando bajo la amenaza de perder sueldos hoy de miseria, y cierta vergüenza de sí mismos, que se traduce en sometimiento voluntario a un poder enquistado en el entramado social.
De la ilusión del guardián moral al silencio en Catamarca
¿Dónde está la trampa para quienes poseemos una formación analítica y creemos ser un personaje disidente, ético e impoluto? ¿Desglosar la realidad en las pantallas y señalar la brutalidad del doble discurso es, realmente, un acto de servicio o de justicia? No. No lo es.
Es una noble fantasía del ego, un candoroso afán diría Macedonio Fernández, con su agudo sentido de la verdad más descarnada. Querer asumir el rol de guardián moral de una decencia colectiva inexistente, en el espacio virtual y degradado de las redes sociales, es una ficción creada por el personaje, solo para distraerse de lo realmente importante.
Gritarle a un sistema sometido que sea digno es un ejercicio de soberbia y una inversión estéril de energía mental.
El mundo fenoménico local, corre al ritmo de su propio karma colectivo. Intentar corregir la decadencia moral de una provincia comentando en la arena digital es como intentar cambiar una imagen pintando sobre el espejo. La imagen reflejada no se corrige porque es solo el resultado de lo que tiene enfrente, y eso no cambia a voluntad del pintor.
La soberanía de no pertenecer
Reconocer la característica estructural en Catamarca y aceptar el rechazo que genera es el costo que se asume por observar y sentir aversión ante la escena.
Entonces, la verdadera libertad no radica en la lucha estéril por modificar el guion de la película, sino en el acto soberano de retirar la atención del escenario.
Vivir con lo mínimo necesario, sostener la práctica profesional desde la absoluta autonomía privada, lejos de los convenios colectivos y las pleitesías institucionales, deja de ser una elección de estilo de vida para convertirse en un refugio desde el que se mira la película local como testigo silencioso.
Quien no depende de las prebendas del poder no puede ser extorsionado, pero tampoco necesita desgastarse en la denuncia.
Renunciar a comentar y debatir con un entorno cómplice es un ejercicio de desapego y de salud mental; es colocarse frente al barro del mundo pero no habitarlo. La captura frente a las pantallas generadoras de indignación solo se libera cuando se retira la fe en su realidad.
Este suelo posee su propia dinámica, sus líderes y sus votantes que encajan a la perfección. La distancia y el silencio que elijo crean una ventana que me permite observar la cima nevada del Manchao, ese lugar sagrado donde la conciencia descansa ante la corrupción del valle.
Para la estructuración sintáctica y la edición formal de este material, he utilizado Inteligencia Artificial Generativa como un instrumento técnico de precisión. Sin embargo, la tecnología no reemplaza al pensamiento; lo sirve.






Comentarios