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El Pacto de Silencio en Catamarca

Mujer contemplando el majestuoso paisaje de Catamarca desde su ventana, mientras reflexiona sobre el silencio y la complejidad emocional que la rodea.
Mujer contemplando el majestuoso paisaje de Catamarca desde su ventana, mientras reflexiona sobre el silencio y la complejidad emocional que la rodea.



Oh! médico, primero cúrate a tí mismo y luego ven a nosotros



Habitar Catamarca durante una década me otorga el derecho, y el deber de oficio, de hacer un diagnóstico madurado a través de la observación clínica del entramado social, sus instituciones y su gente.


En comunidades donde las estructuras de poder operan de manera feudal, existe un fenómeno que la psicología y la sociología suelen pasar por alto: el acuerdo inconsciente a escala colectiva. En otras palabras: el poder corrupto no se sostiene en el aire; requiere la complicidad con una masa dispuesta a canjear la dignidad por el paliativo inmediato; llámese "ajuste discrecional o mejora salarial", "planta permanente", "beca", "contrato con el Estado sin concurso público", "dádiva", "concesión prebendaria", "subsidio compensatorio", "plus médico en negro", etc.


Cuando la indignación moral de un pueblo se reduce a cero ante la aparición de un beneficio económico transitorio —el histórico analgésico de bolsillo—, queda al descubierto la verdadera naturaleza de la condición humana. El silencio estratégico de las corporaciones profesionales, incluidos los colegios que nuclean a los trabajadores de la salud mental, no es más que la preservación de su propio feudo. Nadie muerde la mano que lo alimenta, aunque esa mano esté manchada con la sangre de crímenes impunes. Aún.

El indicador preciso del diagnóstico quedó expuesto con el asesinato de un Ministro del Gobierno de Raúl Jalil, Juan Carlos Rojas. Frente a un hecho de horror que debió haber dinamitado el tejido de la complicidad local, lo que se observó fue la rigidez del pacto: ni los propios compañeros de Rojas rompieron el silencio cómplice con la cúspide del poder político. Es un rasgo estructural: conformismo, ciudadanos manipulados trabajando bajo la amenaza de perder sueldos hoy de miseria, y cierta vergüenza de sí, que se traduce en sometimiento voluntario a un poder enquistado en el entramado social.


De la Ilusión del Guardián Moral al Silencio en Catamarca


¿Donde está la trampa para quienes poseemos un temperamento analítico y creemos ser un personaje disidente, ético e impoluto? ¿Desglosar la realidad en las pantallas y señalar la brutalidad del doble discurso es, realmente, un acto de servicio o de justicia? No. No lo es.

Es una noble fantasía del ego, un candoroso afán diría Macedonio Fernandez, con su agudo sentido de la verdad más descarnada. Querer asumir el rol de guardián moral de una decencia colectiva inexistente, en el espacio virtual y degradado de las redes sociales, es una ficción creada por el personaje, sólo para distraerse de lo realmente importante.

Gritarle a un sistema sometido que sea digno es un ejercicio de soberbia y una inversión estéril de energía mental en tierra yerma.


El mundo fenoménico, el samsara local, corre al ritmo de su propio karma colectivo. Intentar corregir la decadencia moral de una provincia comentando en la arena digital es como intentar cambiar una imagen pintando sobre el espejo. La imagen reflejada no se corrige porque es solo el resultado de lo que tiene enfrente, y eso no cambia a voluntad del pintor.


La soberanía de no pertenecer


Reconocer el rasgo estructural en Catamarca y admitir el asco que produce, es el precio que se paga por ver y rechazar.

Entonces, la verdadera libertad no radica en la lucha estéril por modificar el guión de la película, sino en el acto soberano de retirar la atención del escenario.

Vivir con lo mínimo necesario, sostener la práctica profesional desde la absoluta autonomía privada, lejos de los convenios colectivos y las pleitesías institucionales, deja de ser una elección de estilo de vida para convertirse en un refugio desde el que se mira la película local. Un Testigo silencioso.

Quien no depende de las prevendas del poder no puede ser extorsionado, pero tampoco necesita desgastarse en la denuncia.

La renuncia a comentar y debatir con un entorno cómplice es un ejercicio de desapego y de salud mental; es colocarse frente al barro del mundo pero no habitarlo. Las huellas mnémicas de la indignación y la captura frente a las pantallas solo se queman cuando se les retira el combustible de la identificación.


Este suelo tiene su dinámica, sus gobernantes y sus votantes en un encastre perfecto. La distancia y el silencio que elijo, configuran una ventana que me deja ver la cima nevada del Manchao, ese espacio sagrado en el que la conciencia descansa frente a la podredumbre del valle.




Para la estructuración sintáctica y la edición formal de este material, he utilizado Inteligencia Artificial Generativa como un instrumento técnico de precisión. Sin embargo, la tecnología no reemplaza al pensamiento; lo sirve.


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