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La Caída hacia el Absoluto: Del Dasein Heideggeriano a la Palabra Flecha de Sri Ramana Maharshi

  • Foto del escritor: Lorena Martin
    Lorena Martin
  • hace 5 días
  • 7 min de lectura

Actualizado: hace 4 días

lectura de ramana maharshi
En un espacio sereno y minimalista, una mujer está absorta en su lectura de Ramana Maharshi


Resumen

El presente artículo traza un puente entre la fenomenología existencial de Martin Heidegger y la metafísica no-dual del Advaita Vedanta, encarnada por Sri Ramana Maharshi y Bhagavan Nityananda. A partir de la noción heideggeriana de Gelassenheit (serenidad o el "dejarse caer"), se analiza el límite de la filosofía occidental contemporánea, cuya reclusión en la historicidad del Dasein impidió la realización del Sí Mismo, arrojando a su autor al samsara de su coyuntura política e histórica.

En contraste, se expone cómo la auto-indagación (atma-vichara) desactiva la dualidad fenoménica al disolver la noción misma del hacedor.

Finalmente, el texto examina la bifurcación epistemológica en el camino del buscador, distinguiendo entre la necesidad de un enfoque pedagógico gradual —que depende de la sangha comunitaria y el andamiaje metodológico— y la vía directa, donde la "palabra flecha" de textos como el Guru Vachaka Kovai opera como un solvente inmediato y sustractivo de la ilusión del ego, transformando la lectura en un acto de sumersión absoluta en la Consciencia.


Palabras clave: Advaita Vedanta, Heidegger (Dasein), Ramana Maharshi, Palabra Flecha (Upadesha), Autoindagación (Vichara), Gelassenheit


"Dejarse Caer" o Ser-ahí y Silencio Supremo: Gelassenheit y Atma-Nishta


Martin Heidegger nos enseñó que el ser humano es Da-sein: un "ser-ahí" arrojado a la existencia, y que en este Ser arrojado (Geworfenheit) el sujeto se encuentra siempre eyectado en un mundo de significados que no eligió.

Frente a esto, el Da-sein tiende a "caer" (Verfallen) en lo impersonal, en el ruido del mercado, en lo que Heidegger denomina Das Man (el "se dice", la masa, las redes, la distracción cotidiana). Las Upanishads explican que el mundo que padecemos, el Das Man, es kármico, el resultado de acciones pasadas.


En su filosofía tardía, Heidegger introduce el concepto de Gelassenheit (traducido habitualmente como "serenidad" o "soltura"), que describe una actitud de desasimiento, un "dejarse caer" en la apertura del Ser, permitiendo que las cosas sean sin la manipulación técnica del ego calculador.

Es precisamente en este umbral donde la ontología occidental se detiene y la metafísica no-dual de Oriente la trasciende. Lo que para Heidegger es una disposición de espera atenta ante el misterio del Ser, en el Advaita Vedanta de Sri Ramana Maharshi se transforma en Atma-Nishta (el estableciminento firme en el Sí Mismo). El "dejarse caer" heideggeriano intuye la necesidad de abandonar el control del personaje, pero mientras la fenomenología europea observa el abismo de la existencia, el Jñana (el conocimiento liberador) se disuelve en él.


El Dasein heideggeriano permanece en la orilla del claro (Lichtung), contemplando el Ser como un horizonte; la palabra de Bhagavan Ramana actúa como una fuerza de gravedad que tracciona al observador hacia el interior del horizonte, revelando que el abismo y el testigo son la misma y única Realidad.

El Límite de Heidegger: La Inmersión en el Samsara Histórico


La observación de que Heidegger "no llegó a realizar el Sí Mismo por su inmersión en su propio samsara" es una clave de lectura fundamental para entender el colapso de la filosofía occidental del siglo XX. El compromiso político de Heidegger en 1933 con el nacionalsocialismo y su posterior incapacidad para ofrecer una disculpa metafísica o ética tras la Segunda Guerra Mundial no fueron meros "errores biográficos", sino el síntoma directo de su limitación teorética.


Para Heidegger, el Da-sein es constitutivamente histórico (Geschichtlich). Él no concibe una Consciencia pura (Purusha) que sea anterior o independiente de las formas de la manifestación (Prakriti). Al ligar el Ser al tiempo y a la realización del destino de un pueblo (Volk), Heidegger mezcló la confusión mental y colectiva de su pueblo y de su época con el despliegue del Ser.

Atrapado en la dialéctica de la segunda y la tercera persona —el "nosotros" de la nación frente al "ellos" de la historia—, se ahogó en el samsara de la geopolítica. Intentó resolver la pregunta por el Ser modificando las estructuras del escenario del mundo, precisamente lo opuesto al atma-vichara (la auto-indagación) de Ramana Maharshi, que desactiva el escenario al preguntar quién es el que percibe la obra. A diferencia de la metafísica vedántica, que retira la atención del escenario para descubrir al Testigo intocado, Heidegger creía que el Ser solo podía desplegarse en y a través de la historia humana. Para él, el escenario y el Ser estaban ontológicamente anudados. Al ligar el Ser al tiempo comete su primer gran desvío occidental: asume que la Verdad (Aletheia) no es un Absoluto inmutable sino un acontecer histórico que se devela y se oculta según la época.

Fue ahí que vio el ascenso del nacionalsocialismo como un acontecimiento ontológico. Él creía que Occidente estaba sumido en la "noche del mundo" debido al olvido del Ser (Seinsvergessenheit), atrapado entre el capitalismo estadounidense y el comunismo soviético. Ambos sistemas, según él, reducían el mundo a mera técnica, cálculo y explotación de recursos (la esencia del pensar calculador). Creyó que un pueblo, asumiendo su destino histórico (Schicksal), podía forzar una fisura en el escenario técnico de Occidente para que el Ser volviera a hablar, y quedó así atrapado en la ilusión de que para salvar la pregunta por el Ser había que salvar la cultura occidental, reformar la universidad o guiar políticamente a un pueblo. Esfuerzo titánico y trágico de Heidegger.

En su pensamiento tardío, despupes de la II Guerra Mundial, desarrolla el concepto de Gestell (la Estructura, el Dispositivo o la Imposición). Se dio cuenta de que la técnica moderna había modificado el escenario del mundo de manera tan profunda que el ser humano ya no podía controlarlo. En la era del Gestell, todo en el escenario —la naturaleza, los animales, los seres humanos— es visto como "existencias" (Bestand), es decir, como mero material de reserva para el consumo.

Su conclusión final fue de una impotencia absoluta frente al mundo manifestado: el hombre no puede modificar las estructuras del escenario mediante la acción política o la voluntad. De ahí su famosa frase testamentaria en su entrevista póstuma para Der Spiegel: "Ya solo un Dios puede salvarnos".


Bifurcación del Buscador: La Estructura de la Sangha o El Impacto de la Palabra Flecha


Desde la cosmovisión del Vedanta los buscadores requerimos andamios espirituales distintos, acordes con el rasgo de carácter particular. La necesidad de la sangha comunitaria y del Gurú externo responde a una estructura mental que todavía necesita el tiempo y el espacio para procesar su disolución.

Para muchos, la sangha es un contenedor indispensable porque la mente es tan inestable que necesita la compañia de otros personajes y la guía externa del monje para no perderse en las fantasías del ego espiritual.

Por el contrario, quienes resuenan en la palabra flecha (Upadesha directo) experimentan la lectura de textos (ejemplo: el Guru Vachaka Kovai) como un disolvente del ego. La palabra del Jnani no le habla al personaje sobre cómo mejorar su vida o su práctica; la palabra ingresa en la mente como una vibración que corta la atención exteriorizada y la introvierte al Sí Mismo. Cada verso del texto opera como el Satgurú. Al leer que la primera persona ("yo") y la segunda ("vos") se desvanecen cuando se retira la mirada de la tercera ("el mundo"), la mente no procesa información: se desbarranca.

El ingreso de la verdad por la letra es, en este nivel, una transmisión pura de silencio que utiliza los fonemas únicamente para señalar la vacuidad de quien lee.


Conclusión


La distancia insalvable entre la ontología de Martin Heidegger y la metafísica radical del Advaita Vedanta de Sri Ramana Maharshi reside en la naturaleza del Ser y su relación con el mundo.

Para Heidegger, el Ser y el hombre (Da-sein) están atrapados en una relación de co-pertenencia recíproca (Ereignis): el Ser necesita del hombre para tener un "claro" (Lichtung) donde manifestarse e historizarse, y el hombre necesita del Ser para salir de la insignificancia de lo impersonal (Das Man). Al carecer de la noción de un Testigo Puro (Purusha) trascendente e inmutable, el filósofo alemán se vio obligado a buscar la redención del Ser dentro de las coordenadas de su Tiempo, intentando modificar el destino del escenario histórico colectivo. Su inmersión en el samsara político de su época fue la consecuencia lógica de una doctrina que ata el Ser al devenir del mundo.


El Advaita Vedanta en cambio, iluminado por la "palabra flecha" del Jñani, opera la deconstrucción final que Heidegger no pudo siquiera vislumbrar: el Sí Mismo (Atman) no necesita de la mente, ni del personaje, ni del escenario histórico para Ser. El escenario del mundo puede arder, colapsar o tecnificarse por completo bajo el yugo del Gestell, pero la Consciencia que lo observa permanece intocada.

Lo que para la fenomenología occidental es un "dejarse caer" (Gelassenheit) hacia un abismo existencial donde el sujeto aún experimenta la angustia de su finitud, para el Advaita es la sumersión definitiva en la Plenitud (Purna). En la fijeza del Atma Nishta o en la soledad radical del Kaivalyam, la caída no encuentra un fondo trágico, sino que disuelve al propio caminante.

En última instancia, la filosofía de Heidegger representa el esfuerzo supremo, y a la vez trágico, de la mente occidental por comprender el Ser sin soltar el ropaje de la individualidad histórica. Allí donde Heidegger se detiene en la orilla del Claro, esperando pasivamente y como buen cristiano que "un Dios venga a salvarnos", la enseñanza directa de Sri Ramana Maharshi dispara su flecha al corazón del observador. No hay escenario que reformar, ni tiempo que esperar, ni comunidad que construir para salvar el Ser: basta con indagar quién es el que percibe la obra para que el escenario se desvanezca y solo quede la Realidad, inmutable, silenciosa y despierta, detrás de la ilusión de la historia.

Dios, el Guru y el Sí Mismo son uno y lo mismo.


Bibliografía



  • Heidegger, M. (1927). Ser y Tiempo (Trad. Jorge Eduardo Rivera). Editorial Universitaria.

  • Heidegger, M. (1935/1953). Einführung in die Metaphysik [Introducción a la metafísica]. (Trad. Angela Ackermann Pilári). Gedisa, 2001.

  • Heidegger, M. (1954). Die Frage nach der Technik [La pregunta por la técnica] en Vorträge und Aufsätze. (Trad. Eustaquio Barjau). Serbal, 1994.

  • Heidegger, M. (1959). Serenidad (Gelassenheit). Ediciones del Serbal.

  • Farias, V. (1988). Heidegger y el Nazismo. Muchnik Editores. (Estudio histórico crítico fundamental sobre su implicación estructural en el escenario político).

  • Muruganar, S. (2005). Guru Vachaka Kovai: The Light of Supreme Truth (Trad. David Godman). Sri Ramanasramam.

  • Ramana Maharshi, Sri. (1984). Be As You Are: The Teachings of Sri Ramana Maharshi (Ed. David Godman). Arkana.

  • Nityananda, Swami. (1985). The Chidakasha Gita. Rudra Press.


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