Karma y Conducta: Lo que el Vedanta y la TCC saben sobre el peso del pasado
- Lorena Martin

- 23 jul
- 6 min de lectura
Actualizado: 3 ago
El paciente llega al consultorio convencido de que su sufrimiento tiene una causa exterior: una pareja que falló, un trabajo que lo agota, una familia que no lo comprende. Sin embargo, el trabajo terapéutico consiste en volver la mirada hacia adentro. Esta inversión de la mirada es el núcleo de la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) de Aaron Beck, pero también —con una profundidad ontológica mucho mayor— el núcleo de la doctrina del Karma en la tradición vedanta.
Este artículo explora cómo la comprensión del Karma como mecanismo psíquico —y no meramente como ley de causa-efecto moral— enriquece y radicaliza el modelo cognitivo occidental. Ofrece al clínico una lente metápsicológica más completa para abordar la compulsión a la repetición, los esquemas nucleares disfuncionales y la resistencia al cambio terapéutico.
Palabras clave: Karma, Vasanas, Samskaras, Terapia Cognitivo-Conductual, esquemas disfuncionales, compulsión a la repetición, Yoga Vasistha.

El Karma en el Vedanta y la TCC: Una Psicología de la Causalidad Interna
La palabra sánscrita Karma proviene de la raíz kri (hacer, actuar). En su acepción popular, a menudo reducida a una cosmología de premios y castigos diferidos, el Karma ha sido vaciado de su verdadera sustancia psicológica. En la tradición del Advaita Vedanta, especialmente en el Yoga Vasistha, el Karma es la estructura habitual del aparato psíquico operando en el tiempo. Cada acto voluntario —incluyendo los actos mentales, los juicios, las intenciones y los deseos— deja una impresión sutil en la sustancia mental (Chitta). Estas impresiones se denominan Samskaras (surcos o huellas mentales) y se agrupan en tendencias latentes denominadas Vasanas (impulsos habituales, deseos latentes). El Karma, como proceso dinámico, es el flujo inercial generado por la acumulación de estas impresiones.
En este sentido, el Karma no opera desde un futuro lejano. Opera ahora, en cada decisión, en cada reacción automática, en cada patrón vincular que se repite sin que el sujeto comprenda por qué.

Samskaras y Esquemas Nucleares: el Carácter
La Terapia Cognitivo-Conductual, en su formulación beckiana, postula que los trastornos emocionales están sostenidos por esquemas cognitivos nucleares. Estas son estructuras profundas de creencias sobre uno mismo, los demás y el mundo, formadas en los primeros años de vida a través de experiencias repetidas. Estos esquemas operan como filtros perceptivos que seleccionan e interpretan la realidad de manera sistemáticamente sesgada.
La analogía con los Samskaras védicos es precisa hasta el nivel microestructural. Ambos describen el mismo fenómeno desde doctrinas distintas:
Los Samskaras son huellas de actos pasados que determinan el comportamiento presente. Los esquemas son estructuras de creencias formadas en la historia temprana con las que interpretamos el presente.
Los Samskaras se activan cuando el campo perceptivo presenta estímulos similares a los que generaron la impresión original. Los esquemas se activan ante estímulos que resuenan con las experiencias traumáticas tempranas (lo que Beck denomina "modo cognitivo").
Ambos sistemas operan por debajo del umbral de la conciencia voluntaria: el sujeto reacciona antes de poder reflexionar.
La diferencia epistemológica crucial reside en el alcance temporal. La TCC circunscribe la formación de esquemas a la historia personal (infancia y adolescencia). El vedanta extiende el origen de los Samskaras más allá de la vida individual, postulando que el carácter —la configuración habitual de la mente— es el precipitado de un proceso de condicionamiento que trasciende la biografía individual. Sea cual sea la posición metafísica que el clínico adopte sobre esta extensión temporal, la consecuencia práctica es la misma: la profundidad y la rigidez de ciertos patrones superan lo que una historia personal puede explicar, y el trabajo terapéutico debe ajustar su intervención al presente.
Las Vasanas como Causa de la Compulsión a la Repetición
Freud describió la compulsión a la repetición (Wiederholungszwang) como una de las fuerzas más resistentes al análisis. Es la tendencia del aparato psíquico a reproducir situaciones dolorosas en el intento de elaborar y resolver el conflicto original. La TCC traduce esto como la activación sistemática del esquema nuclear ante estímulos evocadores.
El Yoga Vasistha ofrece la explicación más precisa de este mecanismo a través de la doctrina de las Vasanas impuras (Malina Vasanas). Estas tendencias latentes de apego, temor, vergüenza e impotencia actúan como un programa mental que atrae hacia el campo vital del sujeto las mismas constelaciones relacionales, los mismos patrones de derrota o de omnipotencia. El neurótico no elige sus sufrimientos: los genera estructuralmente desde la configuración de su campo mental.
La convergencia con la TCC de tercera ola es directa. En el modelo de la Terapia de Esquemas de Jeffrey Young (2003), los Esquemas Maladaptativos Tempranos (EMT) no solo generan pensamientos automáticos negativos, sino que activan tres modos de afrontamiento disfuncional: la rendición (el sujeto reproduce pasivamente el patrón), la evitación (huye de cualquier estímulo activador) y la sobrecompensación (actúa en la dirección opuesta al esquema con rigidez defensiva). Estas tres respuestas corresponden con precisión a los tres modos de relación del ego con las Vasanas que describe el texto védico.
El Karma Diurno: Microfísica de las Decisiones Cotidianas
Una de las contribuciones más prácticas de la noción védica del Karma al trabajo clínico es su insistencia en la microfísica de las decisiones cotidianas. El Karma no se juega únicamente en los grandes gestos o en las decisiones trascendentes; se construye, surco a surco, en la calidad de la atención que el sujeto presta a cada momento.
Cada vez que el paciente asume una idea de inferioridad sin cuestionarla, está profundizando el surco del Samskara de insuficiencia. Cada vez que interrumpe el proceso reflexivo con una distracción digital, está reforzando la Vasana de evitación del autoexamen. Cada vez que actúa desde la ira reactiva en lugar de desde el discernimiento, está sedimentando una nueva capa del patrón que viene a tratar.
Esta perspectiva no es punitivista ni culpabilizadora. Es, por el contrario, profundamente empoderadora: si el carácter es el precipitado de innumerables actos mentales repetidos, entonces puede ser transformado mediante la repetición consciente de actos mentales diferentes. Esto es exactamente lo que la TCC denomina reestructuración cognitiva y exposición conductual, y lo que el vedanta denomina Purificación de las Vasanas (Vasana Kshaya).
La Disolución de las Vasanas: Atma Vichara y Reestructuración Cognitiva
El Yoga Vasistha propone una vía de tres fases para la disolución de las Vasanas impuras:
Viveka (Discernimiento): La capacidad de distinguir lo real de lo ilusorio, el patrón habitual del acto libre. En la TCC, equivale a la identificación y cuestionamiento de los pensamientos automáticos y los sesgos cognitivos.
Vairagya (Desapego): El desarrollo de una relación no reactiva con los contenidos mentales. No suprime el pensamiento, sino que deja de alimentarlo con carga emocional. En la TCC de tercera ola, corresponde a la defusión cognitiva de la ACT y a la práctica de la observación sin juicio del Mindfulness.
Atma Vichara (Autoindagación): La investigación directa de la naturaleza del yo que sufre. No es un ejercicio intelectual, sino una interrogación existencial sostenida: ¿quién es el que observa este pensamiento? ¿quién experimenta esta emoción? En la TCC, encuentra su eco más cercano en la práctica del Yo Observador de la ACT de Steven Hayes.
"La mejor manera de destruir las Vasanas es a través de la autoindagación, que consiste en preguntar: '¿Quién soy yo?' Al hacer esto, el ego y sus tendencias son disueltos." — Sri Ramana Maharshi
Implicaciones Clínicas: Cuando el Paciente no Cambia
Una de las situaciones clínicas más frecuentes y, con frecuencia, más mal interpretadas es la del paciente que “entiende” perfectamente el origen de su patrón. Puede articularlo con sofisticación teórica y, sin embargo, continúa repitiéndolo. El terapeuta inexperto concluye que el paciente “no quiere cambiar” o que está “ganando algo con la enfermedad”.
La doctrina de las Vasanas ofrece una lectura más compasiva y precisa: el intelecto (Buddhi) puede comprender perfectamente un patrón mientras que las tendencias latentes (Vasanas) aún tienen energía suficiente para arrastrar la conducta. La comprensión intelectual es necesaria pero no suficiente. El trabajo sobre las Vasanas requiere una dimensión práctica, conductual y contemplativa que va más allá del insight.
De allí que mi encuadre clínico integre, junto a la sesión terapéutica semanal, recursos audiovisuales de entrenamiento psíquico. Estas son herramientas de exposición repetida a patrones de pensamiento distintos que, con la constancia del agua sobre la roca, comienzan a crear nuevos surcos.

Conclusión
En el encuentro entre la psicología del Karma y la Terapia Cognitivo-Conductual se reconocen dos tradiciones de observación rigurosa de la mente humana, separadas por milénios. Si bien el Vedanta es superior en cuanto a su fuente, las descripciones estructurales del mismo fenómeno mental pueden homólogarse, enriqueciendo la práctica clínica. El carácter es la sedimentación de actos mentales repetidos, y su transformación requiere una práctica sostenida y exigente de autoindagación.
Bibliografía
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Freud, S. (1920). Más allá del principio del placer. Buenos Aires: Amorrortu.
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Sri Sadhu Om (2026). El camino de Sri Ramana (Spanish Edition). Copyright © 2026 Sri Ramana Center of Houston.






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